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Cuando el nivel de los nutrientes de nuestro suelo es insuficiente o la producción que queremos desarrollar necesita uno mayor, entonces: tenemos que fertilizar; que no es otra cosa que agregar los nutrientes que faltan.
Para ello contamos con fertilizantes orgánicos (de origen animal o vegetal) e inorgánicos (de origen industrial). En esto hay algo de “mística” ya que muchos consideran a los inorgánicos como tóxicos, lo que no es así. Todo depende de cómo se los utilice, y sí pueden ser tóxicos si los sobredosificamos. Tenemos que entender que la forma de disponibilidad de los mismos es como sales y, sin importar de dónde provengan (orgánicos o inorgánicas), lo importante es la sal disponible que le brindamos al suelo. Asesórese convenientemente al momento de hacerlo y así evitará errores, conseguirá buenos resultados y ahorrará dinero.- |